El álbum de Fermín Cueba, pintor limeño del crepúsculo colonial
En junio de 2023 apareció en el mercado anticuario de Lima un volumen de ochenta y cinco folios que albergaba 137 grabados y 42 grafismos —es decir, dibujos, estudios, esbozos, calcos y enriquecimientos autógrafos de grabados y dibujos, así como firmas y ejercicios caligráficos—. El volumen databa del siglo XVIII, tenía una cubierta de pergamino flexible y estaba en mal estado de conservación.
Dada la falta de prolijidad del volumen, sus manchas de tinta y pintura, escamillas de pan de oro y obras autógrafas inconclusas, debía tratarse de un álbum de artista. En efecto, pronto se descubrió, tanto en la contratapa del volumen como en sus primeras páginas, la firma de don Fermín Cueba, pintor poco conocido que laboró en Lima a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. De don Fermín sabemos que fue pintor, que vivió entre 1748 y 1811, y que, en 1801, realizó un trabajo de pintura para la sala capitular del Cabildo de Lima (había que reparar los daños ocasionados por una infestación de ratas). Además, sabemos que en mayo de 1808 se incorporó a la selecta cofradía limeña de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de San Francisco, y que esta cofradía aportó cincuenta pesos para su entierro, con la cruz de la Iglesia de Santa Ana, en julio de 1811. De sus obras no conocemos ninguna: su trabajo para el Cabildo de Lima se destruyó en el devastador incendio sufrido por este a comienzos del siglo XX.
El Álbum Cueba nos ofrece un acceso insospechado al repertorio visual de un pintor limeño del crepúsculo colonial. Los grabados que contiene este álbum representan doscientos años de la historia de la estampa —desde 1579 hasta 1781— y provienen mayoritariamente de Augsburgo, París y Amberes, pero también de Ámsterdam, Madrid, Roma y otros centros impresores europeos.
Con una sola excepción, los grabados del álbum son todos calcográficos. Fueron abiertos y publicados principalmente por grabadores augsburgueses como Johann Georg Hertel el Viejo, los hermanos Klauber y Martin Engelbrecht; flamencos como Hieronymus Wierix; franceses como Nicolas Guérard; italianos como Stefano della Bella; y más de cuarenta otros. Los creadores de los diseños de los grabados del álbum son más de treinta. Los mejor representados allí son Johann Georg Hertel el Viejo, Johann Andreas Stockmann, Maarten de Vos, Giovanni Battista Piranesi y Stefano della Bella.
En algunos aspectos, el repertorio de imágenes del Álbum Cueba difiere bastante del que esperaríamos. Para empezar, la mayoría de sus grabados (72) son de tema profano, no religioso (65). También sorprende la ausencia de grabados diseñados por Rubens, una de las principales fuentes del arte colonial. Además, resulta extraña la ausencia de impresos italianos como los de las familias Remondini de Bassano del Grappa o de’Rossi de Roma, y la de impresos americanos, incluidos los limeños. Y esto a pesar de que los impresos mexicanos circulaban en América desde 1540, y los limeños desde 1583.
Por otro lado, el Álbum Cueba enriquece notablemente el corpus documentado de grafismos que circularon en Lima durante el periodo colonial: seis dibujos logrados, dos estudios y dieciséis esbozos. Uno de los dibujos logrados está firmado por el escultor español Pablo Joseph Fernández (activo entre 1780 y 1790), y muchos de los esbozos pueden atribuirse al mismo Cueba.
Finalmente, en cuanto a la práctica artística colonial, el Álbum Cueba incluye varios grabados que sirvieron de modelo a pinturas virreinales; incluso contiene un par de impresiones anotadas que bien pudieron serlo. Además, nos ofrece un grabado con una cuadrícula sobrepuesta, un dibujo de contorno a partir de un grabado de los Klauber y los primeros ejemplos coloniales de calcos dorsales de contorno (calcos a trasluz de los contornos de un grabado), todos ellos recursos para facilitar la transferencia de las figuras de un grabado a otros medios.

