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El grabado, arte del contacto

Un grabado es una obra de arte que resulta de poner una superficie entintada en contacto con otra, de modo que la imagen de la primera de estas superficies se transfiere a la segunda. Quizás el grabado más simple, más antiguo y más personal sea el que crearon nuestros antepasados en tiempos prehistóricos al entintarse las palmas de las manos y colocarlas sobre las paredes de las cuevas que habitaban, de modo que las imágenes de sus manos quedaron registradas para la posteridad sobre los muros de sus hogares. También simples son los grabados producidos mediante el gyotaku, la técnica artística japonesa de mediados del siglo XIX que consiste en entintar un pez, superponerle un pliego de papel de arroz y frotar o presionar el pliego contra el animal, de modo que tanto la forma del pez como la textura escamosa de su piel se transfieran, por simple contacto, al pliego de papel. 

La superficie entintada desde la cual se transfiere la imagen de un grabado es la matriz del mismo. En todos los grabados que hemos visto hasta ahora, las matrices son objetos naturales; es decir, objetos que la naturaleza ofrece ya formados (pero que el artista encuentra y decide usar como matrices). Sin embargo, también existen grabados con matrices trabajadas. Buen ejemplo de ello son los sellos. Los hay de piedra, hueso, cerámica, madera, metal, goma y linóleo. De estos, los más importantes para el arte occidental son los de madera. Se trata de las llamadas xilografías (del griego xilo ‘madera’). 

Técnicamente, los sellos se conocen como grabados en relieve, pues la tinta que se transfiere de matrices a impresiones es la que reposa sobre la superficie de la matriz, de modo que para producir una imagen contrastada es preciso desbastar la superficie para crear dos niveles: el superficial, que será luego entintado, y el profundo, que quedará por completo privado de tinta. 

Los grabados en relieve fueron los únicos conocidos en Europa hasta mediados del siglo XV, cuando apareció el grabado en hueco, también conocido como talla dulce o intaglio. En los grabados en hueco se toma una plancha de metal perfectamente lisa y plana. Luego se abre sobre ella un diseño, sea a través de la incisión, la punción, la corrosión o la adherencia. A continuación, se frota una tinta grasosa sobre la plancha para entintar el diseño, enjugándose la tinta que permanezca sobre la superficie. Solo entonces se puede transferir la tinta del diseño, con la ayuda de una prensa, a una hoja de papel, un trozo de vitela o un tejido de seda. Por lo general, las matrices de los intaglios son planchas de cobre, pues este metal ofrece un punto de equilibrio óptimo entre la blandura que facilita su tallado y la dureza que aumenta su tiraje. Esta preferencia hizo que las tallas dulces sobre cobre se conocieran como calcografías (del griego kalkós ‘cobre’). 

La xilografía ofrecía varias ventajas sobre la calcografía (aquella se talla con más facilidad, permite imprimir textos e imágenes a la vez y permite mayores tirajes). Así y todo, la calcografía terminó por desplazar a la xilografía durante el siglo XVII, en buena medida por ofrecer imágenes de mayor precisión. Así pues, se calcula que, para el año 1800, más de tres cuartas partes de los grabados producidos en Europa fueron intaglios.