Los álbumes de artista
Dada la importancia del grabado para la creación artística, no sorprende que los artistas conservaran grandes cantidades de estampas en sus talleres. Pero la vida de un grabado en un taller de artista no podía ser fácil. Aparte de la fragilidad del papel sobre el cual se imprimió y de las condiciones de salubridad de la época, los grabados debían evadir los peligros de los materiales e instrumentos de trabajo propios del espacio y resistir su constante manipulación directa por parte de los oficiales y aprendices que laboraban en él.
Para proteger sus grabados, los artistas optaron por encuadernarlos en álbumes protegidos por tapas o cubiertas de pergamino o cartón. La presencia de estos libros de estampas en manos de artistas está bien documentada. Así pues, sabemos que Diego Velázquez tenía, a su fallecimiento en 1660, dos libros de dibujos y estampas, uno de ellos grande. Sabemos también que entre los bienes que dejó el pintor José de Victoria, fallecido en Guatemala en 1716, se menciona un libro de estampas. Y que el gran pintor novohispano Miguel Cabrera tenía nada menos que siete libros de estampas que albergaban, entre todos, más de 800 grabados. Finalmente, sabemos que Mateo Pérez de Alesio, uno de nuestros primeros pintores coloniales, compró un libro grande de todas las estampas de Alberto Durero y otros autores antiguos, y que tenía en su poder las ciento cincuenta y dos estampas "que andan en un cuerpo" representando la vida de Cristo.
Pero ninguno de estos álbumes ha llegado a nuestros días. Afortunadamente, existen algunos ejemplares que sí lograron superar la fragilidad del papel en ellos contenido, los trajines de los talleres artísticos que los albergaban, las inclemencias del clima, la incuria generalizada y la voracidad propia de polillas y mutiladores de libros.
Uno de ellos es el álbum creado por el artista napolitano Salvator Rosa (1615-1673). Este volumen, mejor conocido como Il Codice Rosa, contiene 87 grabados y varios bocetos. Muerto Rosa, el códice pasó a manos de artistas que circularon entre Nápoles y Bari, luego fue adquirido por coleccionistas y terminó en el Istituto Nazionale per la Grafica en Roma. También tenemos tres cuadernos de grabados de la familia Nozerines de orfebres (activa entre los siglos XVI y XVIII) y un par de álbumes de Pierre Dupont (1560-1640), fabricante de tapices para Enrique IV, rey de Francia, y para su hijo y sucesor, Luis XIII. Estos álbumes contenían 54 estampas, 9 dibujos y tres obras indeterminadas sobre papel. Ambos volúmenes se remataron en el mercado de arte de Londres en 2018; su paradero actual es desconocido. Finalmente, sabemos de un álbum de artista que se encuentra actualmente en el mercado de arte: se trata de un libro de estampas ornamentales compilado en Berna, ca. 1605, al parecer por el arquitecto Daniel Heintz el Joven (1574-1633). El álbum consta de cientos de grabados noreuropeos publicados en el último tercio del siglo XVI o los primeros años del XVII, además de una docena de dibujos arquitectónicos.
Aparte de estos álbumes de artista, se sabe de algunos álbumes de instrucción artística armados en el siglo XVIII. Uno de ellos se encuentra en la Biblioteca Nacional de México (R 769) y consta de 125 grabados europeos que datan de los siglos XVI y XVII. Otro es el llamado Álbum Brignardelli, actualmente en el Museo del Prado (G-5922), que consta de 420 estampas de los siglos XVI al XVIII. El primero parece ser un apoyo visual para la enseñanza de la historia del arte; el segundo sería una serie de modelos usados por Juan Clemente Brignardelli (m. 1804) en su calidad de profesor de dibujo en Cádiz en el último cuarto del siglo XVIII.

